Afectuosamente
La señora Dupont había llevado la carga de sus últimos diez años de matrimonio presa del tedio y de la frustración; los veinte años que llevaba entregando desinteresadamente lo mejor de su vida en aras de una causa común solo le habían servido para quedar convertida en la sufrida esposa de un aburrido burgués, parco y desconsiderado, bebedor contumaz y amigo de la buena vida. Ella, sin embargo, había aprendido a soportar su mal carácter y sufría con callada resignación el angustiante sobrepeso de su marido que al acostarse, hundía los muelles del colchón, condenándole a padecer crónicos dolores de espalda, mención aparte suponían sus ronquidos y su creciente afición por la cerveza, pero la aventura con su secretaria había sido la gota que vino a colmar el vaso. Les había visto juntos en el vestíbulo del hotel donde solían alquilar una habitación donde pasar la tarde, cogiendo un taxi a la salida del cine, sentados uno frente a otro como dos enamorados en el restaurante que frecuent...